Me encanta ir a las plazas de mercado, aún si no tengo que comprar nada. Me gusta caminarlas, preguntar por los productos, comerme algo, saludar a la gente, ver descargar los camiones y toparme con algún campesino, ahora una presencia rara en la ciudad.
Pero entrar a una plaza de mercado en México, para mí, es simplemente fantástico. Salgo de ellas nutrido, alimentado y lleno de alegría. Cada vez que tengo la oportunidad de viajar a este país, lo prime
ro que hago es dirigirme a una de ellas, comerme un buen taco o una quesadilla, tomarme un vaso de horchata y sentirme bien contento, pues acabo de llegar a México y sé que por delante vendrán unos días maravillosos. México es un territorio mágico, rico, y en sus mercados, llenos de vida y algarabía, se percibe esta riqueza. Sí, riqueza y de la pura, de la que no te das cuenta fácilmente que está ahí, al frente tuyo. No la vas a ver en carros de lujo o en trajes finos. Sí es riqueza: riqueza cultural, social, histórica, geográfica. La vas a ver, oler, degustar y hasta escuchar, con sus mercados coloridos, con su variedad de chiles que cada uno sirve para una receta diferente, con el aroma del Pibil o con los inciensos de Sonora, con los músicos que acompañan tu almuerzo al son de un corrido. Vas a vivir esa riqueza en la amabilidad, en la generosidad, pues México se reboza por su misma copa.
Si algún día tiene la oportunidad de conocer este bello país, no olvide entrar a cuanto mercado se le cruce. Yo le recomiendo estos, entre miles que hay. En el DF, visite La Merced, San Juan, San Pedro de los Pinos y el mercado de Coyoacán. Cerca de la ciudad, a una hora, el mercado de Tepoztlán y si llega hasta allá, por favor pida una quesadilla de elote azul con huitlacoche y queso Oaxaca.

Tomás F.Rueda

Foto: TFR